Amo los automóviles, pero los odio a la vez, así que retrocedamos para entender por qué… Habiéndome criado de manera mucho menos que privilegiada, mi familia estaba firmemente arraigada en el bando del “carro desechable”. Comprar el mínimo vehículo viable, manejarlo hasta que caducara la etiqueta de inspección de seguridad (típicamente, después de 11 meses), venderlo como chatarra y repetir el ciclo. Era todo lo que yo conocía, así que era lo que hacía y puedo reparar cualquier cosa. ¿Arreglar correas dobles de distribución en la nieve? Hecho. ¿Bombas de combustible? Hecho. ¿Catalizadores y sensores de oxígeno? ¡Sin problemas!

Así era la vida, formé una familia y me mudé a California con un Toyota viejo, cambié el obturador para tapa de válvula, el obturador de distribuidor de escape, el tubo flexible, el catalizador, el tanque de gasolina, el tubo de carga y entré en crisis personal. Estaba harto de trabajar en mis carros. Sí, era bueno en lo que hacía, era rápido y ahorraba muchísimo dinero, pero me había cansado. No obstante, mi plan no era comprar un nuevo automóvil a gasolina y dejar que otra persona lo arreglara. Claro que no, porque me iban a cobrar de más y probablemente iban a hacer un mal trabajo. No. Mi plan era comprar un carro que simplemente nunca jamás necesitara reparaciones. Estaba hasta las narices de que mis manos y mi ropa olieran a gasolina y aceite de motor y de tener que salir a última hora a comprar repuestos.

Entonces, me compré un eléctrico, más que nada para hacerle un gesto obsceno con mi dedo mayor a mi juego de herramientas. Y me sentí muy bien. Ahora, después de cinco años de manejar un carro completamente eléctrico, realmente veo todos los otros beneficios: el rendimiento, la practicidad, el bajo costo operativo, el andar silencioso, la ausencia de olores desagradables, el no tener que ir a la gasolinera en las peores horas y, por supuesto, el bajo costo de mantenimiento más el hecho de que podemos crear nuestro propio “combustible” en el techo de casa con los paneles solares. Todo se suma y se resume en una buena decisión para nuestro estilo de vida, sin mencionar todo el impacto ambiental y la calidad del aire. Somos una familia liberada de la gasolina y nunca daremos marcha atrás.